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  • hace 1 día
El inminente retorno del príncipe Harry, de 41 años, y Meghan Markle, de 45, al Reino Unido se está convirtiendo en un auténtico océano de dudas e inquietudes. Aunque los duques de Sussex han evitado hasta ahora comunicar sus planes de manera directa al público a través de sus perfiles en redes sociales, la mudanza de la familia desde su lujosa mansión en Montecito, California, parece un hecho insalvable ante el inicio del nuevo curso escolar en septiembre. Sin embargo, este regreso, planeado tras seis años viviendo en Estados Unidos, avanza rodeado de dificultades tanto financieras como profesionales.Uno de los planes más ambiciosos de Meghan Markle para esta nueva etapa en Inglaterra era retomar su carrera como actriz de televisión de la mano de la secuela de la serie The Gentlemen, dirigida por el realizador británico Guy Ritchie. El proyecto se presentaba como una oportunidad idónea para la duquesa, puesto que esta producción se rueda en parte en la bucólica región de los Cotswolds, la zona donde la pareja residió originalmente e instaló su primer hogar independiente en el año 2018.No obstante, esta puerta profesional parece haberse cerrado de golpe antes de comenzar. Según ha desvelado la prestigiosa autora y periodista Tina Brown, exdirectora de Vanity Fair, la oferta para incorporar a Meghan en la tercera entrega de esta exitosa ficción de televisión ha sido "retirada debido a la reacción negativa del público". Esta decisión está estrechamente ligada a la baja popularidad que los duques arrastran en suelo británico; los últimos sondeos de la empresa de demoscopia YouGov revelan que el 65% de la población tiene una opinión desfavorable de la duquesa de Sussex, mientras que un 33% se opone de manera abierta a su regreso al país.Más allá de los contratiempos profesionales de la duquesa, el traslado de la familia plantea serias dudas desde el punto de vista tributario. Los expertos en fiscalidad coinciden en que el príncipe Harry ha tomado una decisión apresurada que le impedirá beneficiarse de las ventajas fiscales reservadas a los exiliados tributarios o Non-dom. Al regresar en septiembre sin cumplir el límite de diez años residiendo de forma continuada fuera del Reino Unido, el hijo menor del rey Carlos III perderá valiosas exenciones sobre sus rentas y ganancias extranjeras, así como beneficios clave en materia de sucesiones y herencias.La situación es todavía más espinosa para la propia duquesa, quien por tener doble residencia podría verse obligada a afrontar una doble factura fiscal ante las haciendas británica y estadounidense. Este complicado escenario tributario recuerda al del ex primer ministro Boris Johnson, quien tuvo que renunciar a la nacionalidad estadounidense en 2016 tras una disputa por miles de dólares que le reclamaban las autoridades fiscales de dicho país.A pesar de que los Sussex conservan un patrimonio conjunto estimado entre 50 y 56 millones de euros, procedente en gran parte de las herencias de Lady Di y la reina madre, la gestión de sus bienes será de gran complejidad. En el lado positivo, los agentes fiscales señalan que el matrimonio se ahorrará impuestos al haber residido más de un lustro en el extranjero, por lo que no tendrán que declarar las ganancias derivadas de sus contratos multimillonarios con plataformas como Netflix o Spotify, ni los ingresos de la firma de productos gourmet y estilo de vida de la duquesa, As Ever.Para el reinicio de su vida diaria con sus hijos, el príncipe Archie, de siete años, y la princesa Lilibet, de cinco, la pareja habría puesto la mirada en la exclusiva región de los Cotswolds, donde los pequeños ya tienen plaza asegurada en un elitista colegio privado. Esta localización situaría a los duques a escasa distancia de Highgrove, la residencia rural preferida del rey Carlos III, quien se muestra complacido con la oportunidad de ver con mayor frecuencia a su hijo menor, a su nuera y a sus nietos norteamericanos.La gran incógnita que rodea esta vuelta es el coste y la asunción de las labores de escolta del matrimonio, dado que la protección privada de la familia en su mansión de California les suponía un desembolso estimado en unos tres millones de dólares anuales. 

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