Una corona de flores, fotografías de Maricarmen y miles de personas recorriendo en silencio las calles de Madrid. La movilización convocada este jueves desde la Puerta del Sol hasta el número 46 de la calle Alcalde Sainz de Baranda, donde residía la mujer de 87 años fallecida el miércoles, tuvo más apariencia de procesión fúnebre multitudinaria que de protesta convencional.La marcha comenzó pasadas las ocho de la tarde, tras finalizar las asambleas que el Sindicato de Inquilinas celebra diariamente en la Puerta del Sol. Los representantes de la organización se situaron en la cabecera alrededor de una corona de flores. Un aplauso de cerca de un minuto sirvió como homenaje a Maricarmen y marcó el inicio de la movilización. Muchos de los asistentes que encabezaban el cortejo portaban fotografías de la fallecida.El silencio predominó durante buena parte del recorrido, en contraste con las habituales protestas por el derecho a la vivienda. Apenas se veían banderas, salvo algunas del Sindicato de Inquilinas y de la Segunda República. También llamaba la atención la presencia de personas portando grandes cirios, que reforzaban el carácter de homenaje de la marcha.Más atrás, sin embargo, se sucedían los cánticos y las consignas reivindicativas. “No son muertes, son asesinatos”, “Que viva la lucha de la clase obrera” o “¿Dónde está el Gobierno progresista?” fueron algunos de los mensajes coreados por los manifestantes. También se escucharon críticas dirigidas a Ayuso y Almeida y se pudieron leer pancartas con el lema “Maricarmen vive, la lucha sigue”.Al llegar a la calle Alcalde Sainz de Baranda, la cabecera llegó incluso a pedir silencio a quienes caminaban detrás. En la calle Menéndez Pelayo, algunos vecinos se sumaron al homenaje con aplausos y gritos de apoyo. Finalmente, al alcanzar el destino, miles de personas levantaron sus teléfonos móviles con las linternas encendidas, formando una imagen similar a un mar de velas.El recorrido concluyó frente al edificio del que Maricarmen fue desahuciada el pasado 23 de septiembre, catorce días antes de su fallecimiento. Su desahucio había desencadenado una oleada de protestas por el derecho a la vivienda. Ahora, su muerte ha convertido aquellas movilizaciones en un homenaje marcado por el silencio.